Capítulo 18:
-No sabía que venías a correr –Dijo el rubio cuando la dejó rígida y “arreglada”- Y menos por estos lugares.
-Hay muchas cosas que no sabes de mí- Respondió ella y pasó por el lado derecho de Justin para seguir su camino.
-No puedes ir por allá –le advirtió el muchacho al momento que la detenía- Acabo de ver a unos hombres que no se ven para nada seguros no muy lejos de aquí, estas zonas son las más peligrosas.
-¿Entonces qué haces tú aquí?
-Siempre vengo a correr y es fácil reconocer a un Bieber, si le hacen algo a esta carita se las verán con los policías- Una sonrisa se dibujó en su perfecto rostro.
-¿En serio? Ni me acordaba de tu apellido – Agitó su brazo para quitar las manos de Justin y dio media vuelta para regresar por donde vino.
-A veces pienso que eres bipolar – Dijo Justin caminando a su lado, ella lo miró con los ojos entre cerrados, no era bueno que él lo dijera.
-Mira quién habla-
-Ya, ya. Ahorita que lo pienso, no respondiste mi pregunta- Ella volvió su vista a él mientras doblaban a la izquierda saliendo del callejón. -¿Qué vienes a hacer acá?- Era obvio, pensó Justin, era obvio que venía a correr pero lo que quería saber era el por qué. Disimuladamente la miró de arriba abajo, estaba como quería. Sus pechos eran redondos y de tamaño perfecto, su estómago es plano y esas caderas, uh, esas caderas estaban hechas para moverse al ritmo de la pasión. ¿Ella hacía todo esto para bajar? ¿Bajar qué? ¿Bajar los pocos kilos que tenía y convertirse en un saco de huesos?
-Para mantenerme en forma- Ella se encogió de hombros y apartó su mirada de él, cruzaron las calles de New York hasta llegar a un parque, ¿Qué quería esta vez Justin? ¿Por qué rayos la seguía? Un incómodo silencio se formó y nadie hizo nada para romperlo.
Cuando piso el pasto decidió correr, correr lejos, lejos de él y de éste mundo. Corrió hasta quedarse sin respiración, por nada del mundo miraba hacia atrás, no sabía si él venía alado, atrás o delante de ella, no sabía si él ya se había ido. Aquí vino para correr y eso era lo que hacía.
Justin la miró, la pequeña Parker empezaba a adaptarse a las corridas, seguro era obra del castigo que les puso el señor Piters. Ella corría y corría sin detenerse, se le veía –desde donde estaba él- sonrosada, se veía como ella cerraba los ojos con fuerzas y murmuraba algo, no se le entendía pero de seguro que eso la alentaba a seguir.
Ella se había vuelto más fría con él, se había vuelto más astuta, ya no era la ingenua ni la loca ___, ya era toda una mujer madura que no se dejaba traspasar y estaba seguro que todo fue por él.
Pensando eso se le vino a la mente el trato que había hecho con Ryan, lo que ellos habían planeado para ganar suciamente dinero. ¿En serio haría eso?, volvió a preguntarse ese día. ¿Era capaz de hacerlo?, si ella se enteraba era hombre muerto, pero es que le traía ganas. De seguro su relación podría mejorarse con un poco de sexo. Quizá, o quizá no; quizá empeoraba.
Después de varios minutos al estar enredada en sus pensamientos, paró a comprarse una gigantesca botella de agua. Sentía que sus mejillas ardían y escuchaba los latidos de su corazón, aquí había bajado todo lo que había comido. Sonrío, era bueno hacer ejercicio, ahora se sentía activa. Cuando iba a entregarle el dólar al vendedor una mano se lo impidió, exaltada miró a su izquierda y vio como Justin le pagaba y compraba otra para él. ¿No se había ido?
-Quizá se quedó por ti- Habló su mente y ella negó, no, seguro se había quedado para seguir entrenando, o también, se había quedado a ligar con una chica, la chica de la semana.
-¿Qué haces? Yo lo iba a pagar- Se excusó cuando él se volteó y le puso una mano en su espalda para que caminara.
-¿Qué clase de hombre crees que soy? –Un cerdo machista, sexópata y acosador de mujeres, pensó más no lo dijo- Yo siempre pago.
Era cierto, en cada cita o en cada salida que habían tenido él siempre pagaba, así pasaba lo mismo con las otras.
-Bueno- Suspiró y se dejó guiar.
Las doce de la noche y él aún no se dormía, pensaba, su mundo había cambiado de un día para otro, hace mucho que no pensaba en su ex y ahora no paraba de tener imágenes de ella desnuda, metió su mano adentro del pantalón y agarró su miembro, pensaba en ella, en su sonrisa, en sus ojos, en esos labios. Pensaba que esa mano no era de él sino de ella, ¿Qué estaría haciendo ella ahora? ¿Estaría dormida? Trató de amortiguar un gemido, el chico más deseado estaba atrapado, el chico que amaba el sexo no quería a nadie más que no fuera a ella en su cama. ¿Qué le pasaba? Estaba desesperado, ese no era él. Gimió de impotencia y de satisfacción, su pecho se oprimió, las imágenes de ellos dos juntos vinieron a su mente, no entendía nada, estaba volviéndose loco, loco por ella.
-No sabía que venías a correr –Dijo el rubio cuando la dejó rígida y “arreglada”- Y menos por estos lugares.
-Hay muchas cosas que no sabes de mí- Respondió ella y pasó por el lado derecho de Justin para seguir su camino.
-No puedes ir por allá –le advirtió el muchacho al momento que la detenía- Acabo de ver a unos hombres que no se ven para nada seguros no muy lejos de aquí, estas zonas son las más peligrosas.
-¿Entonces qué haces tú aquí?
-Siempre vengo a correr y es fácil reconocer a un Bieber, si le hacen algo a esta carita se las verán con los policías- Una sonrisa se dibujó en su perfecto rostro.
-¿En serio? Ni me acordaba de tu apellido – Agitó su brazo para quitar las manos de Justin y dio media vuelta para regresar por donde vino.
-A veces pienso que eres bipolar – Dijo Justin caminando a su lado, ella lo miró con los ojos entre cerrados, no era bueno que él lo dijera.
-Mira quién habla-
-Ya, ya. Ahorita que lo pienso, no respondiste mi pregunta- Ella volvió su vista a él mientras doblaban a la izquierda saliendo del callejón. -¿Qué vienes a hacer acá?- Era obvio, pensó Justin, era obvio que venía a correr pero lo que quería saber era el por qué. Disimuladamente la miró de arriba abajo, estaba como quería. Sus pechos eran redondos y de tamaño perfecto, su estómago es plano y esas caderas, uh, esas caderas estaban hechas para moverse al ritmo de la pasión. ¿Ella hacía todo esto para bajar? ¿Bajar qué? ¿Bajar los pocos kilos que tenía y convertirse en un saco de huesos?
-Para mantenerme en forma- Ella se encogió de hombros y apartó su mirada de él, cruzaron las calles de New York hasta llegar a un parque, ¿Qué quería esta vez Justin? ¿Por qué rayos la seguía? Un incómodo silencio se formó y nadie hizo nada para romperlo.
Cuando piso el pasto decidió correr, correr lejos, lejos de él y de éste mundo. Corrió hasta quedarse sin respiración, por nada del mundo miraba hacia atrás, no sabía si él venía alado, atrás o delante de ella, no sabía si él ya se había ido. Aquí vino para correr y eso era lo que hacía.
Justin la miró, la pequeña Parker empezaba a adaptarse a las corridas, seguro era obra del castigo que les puso el señor Piters. Ella corría y corría sin detenerse, se le veía –desde donde estaba él- sonrosada, se veía como ella cerraba los ojos con fuerzas y murmuraba algo, no se le entendía pero de seguro que eso la alentaba a seguir.
Ella se había vuelto más fría con él, se había vuelto más astuta, ya no era la ingenua ni la loca ___, ya era toda una mujer madura que no se dejaba traspasar y estaba seguro que todo fue por él.
Pensando eso se le vino a la mente el trato que había hecho con Ryan, lo que ellos habían planeado para ganar suciamente dinero. ¿En serio haría eso?, volvió a preguntarse ese día. ¿Era capaz de hacerlo?, si ella se enteraba era hombre muerto, pero es que le traía ganas. De seguro su relación podría mejorarse con un poco de sexo. Quizá, o quizá no; quizá empeoraba.
Después de varios minutos al estar enredada en sus pensamientos, paró a comprarse una gigantesca botella de agua. Sentía que sus mejillas ardían y escuchaba los latidos de su corazón, aquí había bajado todo lo que había comido. Sonrío, era bueno hacer ejercicio, ahora se sentía activa. Cuando iba a entregarle el dólar al vendedor una mano se lo impidió, exaltada miró a su izquierda y vio como Justin le pagaba y compraba otra para él. ¿No se había ido?
-Quizá se quedó por ti- Habló su mente y ella negó, no, seguro se había quedado para seguir entrenando, o también, se había quedado a ligar con una chica, la chica de la semana.
-¿Qué haces? Yo lo iba a pagar- Se excusó cuando él se volteó y le puso una mano en su espalda para que caminara.
-¿Qué clase de hombre crees que soy? –Un cerdo machista, sexópata y acosador de mujeres, pensó más no lo dijo- Yo siempre pago.
Era cierto, en cada cita o en cada salida que habían tenido él siempre pagaba, así pasaba lo mismo con las otras.
-Bueno- Suspiró y se dejó guiar.
Las doce de la noche y él aún no se dormía, pensaba, su mundo había cambiado de un día para otro, hace mucho que no pensaba en su ex y ahora no paraba de tener imágenes de ella desnuda, metió su mano adentro del pantalón y agarró su miembro, pensaba en ella, en su sonrisa, en sus ojos, en esos labios. Pensaba que esa mano no era de él sino de ella, ¿Qué estaría haciendo ella ahora? ¿Estaría dormida? Trató de amortiguar un gemido, el chico más deseado estaba atrapado, el chico que amaba el sexo no quería a nadie más que no fuera a ella en su cama. ¿Qué le pasaba? Estaba desesperado, ese no era él. Gimió de impotencia y de satisfacción, su pecho se oprimió, las imágenes de ellos dos juntos vinieron a su mente, no entendía nada, estaba volviéndose loco, loco por ella.

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